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192 páginas. 

A siete décadas de la aparición de Juan Domingo Perón en la política argentina y cuatro de su muerte, el peronismo sigue estando en el centro de la escena y de los debates nacionales. No es el mismo movimiento de aquel entonces, y podría decirse que no hay década, y a veces lustro, en que no haya mutado de orientación ideológica, programa y aliados. Esa voraz capacidad de adaptación a la coyuntura es una muestra irrefutable de pragmatismo, y a la vez y sobre todo es una declaración de principios. Cada líder peronista ha tenido claro al menos dos cosas: cómo conquistar el poder y, más importante, cómo permanecer en él el mayor tiempo posible.
Naturalmente, nada de esto se puede lograr de espaldas a la sociedad. Desde su origen hasta hoy el peronismo ha sabido cómo ganar elecciones, cómo hacerse de la bandera de los beneficios sociales y mantener, aún con grandes cambios, una interlocución privilegiada con los trabajadores y los sectores populares, a quienes consagró "derechos" que eran improbables hasta su surgimiento.
En esta fórmula a la vez perenne y fantásticamente mutable ¿qué lugar ocupa la democracia como forma de gobierno y como marco de convivencia social? ¿Para el peronismo la república es un escollo, un sistema de reglas pasible de ser adaptado a las propias, o una tradición que se puede aceptar o vulnerar según las circunstancias?.

Peronismo y democracia. Historia y perspectivas de una relación compleja. Marcos Novaro.

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A siete décadas de la aparición de Juan Domingo Perón en la política argentina y cuatro de su muerte, el peronismo sigue estando en el centro de la escena y de los debates nacionales. No es el mismo movimiento de aquel entonces, y podría decirse que no hay década, y a veces lustro, en que no haya mutado de orientación ideológica, programa y aliados. Esa voraz capacidad de adaptación a la coyuntura es una muestra irrefutable de pragmatismo, y a la vez y sobre todo es una declaración de principios. Cada líder peronista ha tenido claro al menos dos cosas: cómo conquistar el poder y, más importante, cómo permanecer en él el mayor tiempo posible.
Naturalmente, nada de esto se puede lograr de espaldas a la sociedad. Desde su origen hasta hoy el peronismo ha sabido cómo ganar elecciones, cómo hacerse de la bandera de los beneficios sociales y mantener, aún con grandes cambios, una interlocución privilegiada con los trabajadores y los sectores populares, a quienes consagró "derechos" que eran improbables hasta su surgimiento.
En esta fórmula a la vez perenne y fantásticamente mutable ¿qué lugar ocupa la democracia como forma de gobierno y como marco de convivencia social? ¿Para el peronismo la república es un escollo, un sistema de reglas pasible de ser adaptado a las propias, o una tradición que se puede aceptar o vulnerar según las circunstancias?.